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En seis meses, Javier Milei pasó de ser un fenómeno local a la portada de la revista Time. Ha promocionado Argentina en Silicon Valley y viajó al corazón del capitalismo (es decir, Davos) para advertirle a los empresarios más poderosos del mundo sobre el socialismo. También se ha reunido con Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Georgia Meloni, Viktor Orban y Nayib Bukele, en un intento de construir su imagen de líder de la derecha global.
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Se describe a sí mismo como orgulloso „discípulo de la escuela austríaca, liberal libertario, anarcocapitalista“. De hecho, el pasado fin de semana viajó a Hamburgo para recibir la Medalla Hayek, de la Fundación Friedrich August von Hayek, uno de sus economistas favoritos, junto con Ludwig von Mises. Tiene cinco mastines ingleses, todos con nombres de economistas, excepto uno: Milton (Friedman), Murray (Rothbard), Robert, Lucas, y Conan, como „Conan el Bárbaro“ de la película de Arnold Schwarzenegger.
Luego del premio, Milei viajó a Berlín para reunirse con el canciller Olaf Scholz para una corta reunión de trabajo donde se trataron varios temas, desde el acuerdo Unión Europea-Mercosur y el ingreso de Argentina a la OCDE, hasta la importancia de minerales críticos, y el apoyo a Ucrania e Israel, según dejó trascender el gobierno argentino.
Con su estilo directo (a veces brutal), su pelo desordenado que no le gusta peinar, „el león“ –como le llaman sus fans– se pasea como un rockstar. El mes pasado incluso alquiló uno de los estadios más emblemáticos de Buenos Aires para presentar su último libro y cantó canciones de rock ante un público de más de 5000 personas, antes de dar una lección de 50 minutos sobre teoría económica. Sus seguidores dicen que hace falta un loco para hacer las reformas que Argentina necesita; sus críticos dicen que es un loco por el fuerte ajuste económico que está infligiendo a un país que ya estaba en crisis. El Presidente argentino dice que la diferencia entre un genio y un loco es el éxito.
Milei está haciendo, en sus palabras, „el ajuste más grande, no solo de la historia argentina, sino de la historia de la humanidad“: eliminó los controles de precios, devaluó el peso 58% y recortó el gasto público en 13 puntos del PBI. Esta terapia de shock está arrojando algunos resultados positivos, especialmente con la inflación que en mayo cayó a 4,2%, la cifra mensual más baja en más de dos años. En línea con esa desaceleración, el Banco Central ha recortado seis veces la tasa de interés, desde el 133% de diciembre hasta el 40% actual. El Gobierno también obtuvo resultados en el frente fiscal (“la madre de todas las batallas”, como Milei lo llama), con cinco meses sostenidos de superávit fiscal, una hazaña que no se lograba desde 2008.
Pero el costo de frenar lo que, para Milei, era un camino directo hacia la hiperinflación, fue un masivo ajuste especialmente para los sectores vulnerables y las clases medias, que vieron cómo se licuaba su poder de compra, a medida que subían los precios de la energía, el transporte público y los servicios. Alrededor de la mitad del país está debajo de la línea de la pobreza, según diferentes universidades. Hasta el FMI ha resaltado la necesidad de mantener la asistencia social. El consumo de carne –cargado con un fuerte simbolismo en el país– cayó 15% en los primeros cinco meses del año y está en su nivel más bajo en 30 años, según la cámara que nuclea a la industria.
Aprobación récord pese al empobrecimiento masivo
Sin embargo, en este difícil contexto de „motosierra“ (el recorte sobre el Estado y la política) y „licuadora“ (la reducción del gasto por efecto de la inflación) Milei ha logrado mantener su aprobación pública en niveles que rondan el 50% –cercano al 55% que obtuvo en la elección de noviembre. Además, consiguió que la mayor parte de la sociedad esté de acuerdo con la política económica (49%), aunque la mayoría crea que el ajuste lo están pagando los ciudadanos comunes (75%) y no la „casta“ política –como la llama Milei–, según una encuesta reciente de la consultora Opina Argentina. Otra encuesta de la consultora Giacobbe señala que aunque un abrumador 86% de los encuestados considera que el esfuerzo es pesado o insoportable, el 50% cree que vale la pena porque en el futuro su economía estará mejor.
Hace años, algunos de los colegas de Milei, más moderados y prominentes, tenían dudas sobre el efecto para la causa libertaria, al verle arremeter en televisión contra los „keynesianos“, que apoyan la intervención del Estado en la economía. Pero es precisamente ese estilo audaz –que lo caracteriza desde que era arquero en un club de segunda división de Buenos Aires–, lo que lo diferencia del estereotipo del político convencional que rechaza gran parte de la sociedad.
Para muchos analistas es una sorpresa que Milei no sólo tenga números tan altos de aprobación, sino que haya logrado mantenerlos estables tras seis meses de fuertes medidas de ajuste. En ese período el Presidente atravesó dos paros generales de la principal confederación sindical argentina, y una masiva marcha para defender la universidad pública a la que asistieron cientos de miles de personas, entre ellos muchos votantes de Milei. Ninguno de estos eventos parecería haber impactado de manera fuerte en la imagen del libertario.
Motivos de la aprobación
Para Alejandro Catterberg, director de la consultora Poliarquía, hay varias razones que explican este fenómeno. Primero, la inflación está jugando a favor del Gobierno. Una hiperinflación –irónicamente, la razón por la que Milei decidió estudiar economía– está descartada ahora, pero era una seria amenaza en diciembre.
Además, de los debates en focus groups realizados por Poliarquía surge un escenario: la idea de que el país está en crisis y que la situación no se va a resolver de un día para el otro; que fueron los políticos los que lo han llevado a esa situación; y que es precisamente esa „casta“ la que no lo quiere dejar gobernar a Milei. „Toda esa conjunción de cuadro de situación hace que esta gente todavía le dé credibilidad, crédito y tiempo al Gobierno y sostenga el apoyo“, explicó Catterberg al canal de televisión LN+.
Otra parte del apoyo se explica porque Milei no tiene ningún rival enfrente, al menos por ahora. La oposición todavía se está reorganizando tras las elecciones del año pasado y, si bien se ha hecho sentir en el Congreso aún no ha surgido una figura que realmente rivalice al presidente.
Una nueva preocupación en ascenso
Pero la realidad económica puede no ser tan generosa y parece que se está poniendo al día con bastante rapidez. Mientras la preocupación por la inflación está bajando, una nueva está en ascenso: el desempleo. Como señaló Guillermo Oliveto, consultor especialista en tendencias sociales y consumo, en LN+: „La sociedad tiene un nivel de tolerancia estoico a este proceso de recesión y puede perder 20% de poder adquisitivo –como se ha perdido en estos últimos meses– pero una cosa es con trabajo y otra cosa es sin trabajo“.
Según los datos oficiales, en los primeros cuatro meses del año se perdieron casi 95.000 puestos de trabajo privados, que acumulaban una caída de cuatro meses. El sector más afectado fue la construcción, por la negativa del Gobierno a seguir financiando unos 2000 proyectos de obras públicas, para reducir el déficit. En el sector público, se recortaron 25.000 puestos de trabajo y el Gobierno planea terminar con otros 50.000, en su promesa de usar la „motosierra“ para eliminar el déficit fiscal.
Por otra parte, datos del Banco Central señalan que se cerraron 275.000 cuentas sueldo en el primer trimestre. Un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) señala que más de la mitad de las empresas encuestadas sufrieron una caída de producción, mientras la mayoría (60%) tuvo una caída en sus ventas. Además, algunas empiezan a tener problemas para afrontar sus obligaciones, y la mayoría opta por retrasar el pago de impuestos. El escenario es aún más grave en las pequeñas y medianas empresas (Pymes).
La mayoría apela a la reducción de turnos, aunque también se produjeron despidos y suspensiones, según el informe de la UIA. La oficina nacional de estadísticas, Indec, registró en marzo una contracción de 8,4% interanual de la actividad económica, con la construcción, la industria manufacturera y el comercio liderando las caídas.
El ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que lo peor de la crisis ya pasó, pero los economistas encuestados por el banco central pronostican que el PBI se contraerá 3,8% este año. Sin embargo, el FMI proyectó un escenario más optimista en su último informe de Perspectivas Económicas Mundiales: una contracción del 2,8% este año y un crecimiento del 5% para 2025.
Milei dijo que aún tiene 3000 reformas para enviar al Congreso, pero debido a su posición minoritaria –tiene apenas el 15% de los diputados y sólo siete de los 72 senadores– el Gobierno tuvo que esperar seis meses para que los legisladores le aprobaran la primera ley.
Si bien los bonos argentinos vivieron un rally en los primeros meses de 2024 y el Gobierno ha cosechado elogios de personas como el CEO de Tesla, Elon Musk, y el inversor multimillonario, Stanley Druckenmiller, por ahora los inversores prefieren esperar a ver qué tan sustentables son las reformas que propone Milei. El Presidente tiene una fecha clave: 2025. Las elecciones legislativas de mitad de término podrían cambiar la configuración del Congreso y permitirle a Milei avanzar con su plan. La pregunta es hasta cuándo estará dispuesta la sociedad a soportar el ajuste.
Cecilia Filas es una periodista argentina especializada en economía, finanzas y asuntos internacionales.

